viernes, 7 de diciembre de 2007

El avión

Por Gastón Rasquini


Esta es la historia de un hombre llamado Roberto. Él siempre andaba en su avión, que tenía en la parte trasera un cartel que decía prohibido fumar. Un día Roberto se fue a tomar un café y allí conoció a un señor a quien le preguntó:
-¿Cómo te llamás?
- Mi nombre es Juan- le dijo.
Los dos eran muy diferentes. Roberto era flaco y Juan gordo. Roberto le mostró su lindo avión y decidieron salir de paseo. Pasaron sobre un arroyo, un tren y una bandera de color blanca. Tuvieron que aterrizar porque estaba lloviendo. Entraron a una casa abandonada para no mojarse y entonces Roberto le dice a Juan :
-¿Bajamos al sótano?
- Bajemos- le dice Juan.
Entraron lentamente porque Juan estaba temblando de frío. En ese momento Roberto pegó un grito y la puerta se cerró. Había algo detrás del piano. Era un cuerpo que se empezaba a mover. Encendieron la luz y Juan le dijo a Roberto:
-¿Qué es esto? ¡Por Dios! .Se dieron cuenta que era un espantapájaros sentado en una silla eléctrica. Finalmente con bastante miedo se alejaron de la casa y juraron no volver a visitar un lugar abandonado. Sobre todo en días lluviosos.

Lucas y el auto azul

Por Mariela Lezana


En el invierno de 1978, por la autopista de Buenos Aires que va al Riachuelo, siempre pasaban bicicletas, motos, camionetas, y en especial un auto azul.
Un día, el señor Lucas, fue al Riachuelo para limpiarlo y controlar las aguas. Pero al acercarse vio un cadáver flotando y se puso a pensar ¿cómo llegó hasta aquí?
Fue entonces cuando vio al auto azul que pasaba siempre por la autopista y a su conductor tirando una bolsa negra larga al Riachuelo.
El señor Lucas se asustó, se fue corriendo y se encerró en su casa. Al día siguiente el conductor del auto azul lo fue a buscar y le ofreció 10 millones de pesos a cambio de que no contara lo que había visto y renunciara.
Él, muerto de miedo, aceptó el efectivo y se fue a otra ciudad. Hoy el conductor del auto azul reemplazó a Lucas en su trabajo y sigue tirando cadáveres al río. Pero ahora cambió el color de su auto.

Hospital

Por Ayelén Valdovino

Esta historia transcurrió en un hospital de Bahía Blanca, en invierno. Una chica llamada Gabriela había sufrido un grave accidente automovilístico. Su familia temía por su vida. Después de dos semanas, su situación era la misma. "Lo único que podría salvarla es un milagro"-comentaron los médicos- "Cayó en coma profundo, veremos si soporta una operación más".
Esa noche, Gabriela estaba como siempre: dormida, pero lograba mover su mano derecha muy despacito. En un momento, comenzó a nevar y, de repente, se cortó la luz. Diez minutos más tarde volvió, y los médicos fueron a ver a Gaby. La encontraron sentada, al pie de la cama, cantando una canción de cuna. Estaba espléndida y aseguró haber visto a una mujer de cabellos largos que tenía un bebé que lloraba mucho. Los dos (la mujer y el niño) estaban envueltos por una luz blanca.
Los médicos no se lo podían explicar, pero la habitación de Gaby estaba al lado de la sala de maternidad.

Mientras todos duermen

Por Belén Aguilera

Eran las 11 de la noche y ella corría por toda la casa con su nuevo camisón. Su padre se lo había comprado esa misma tarde. Era un camisón blanco casi transparente, de una tela suave y cómoda. En cada manga lucía un pequeño volado de color rosa que combinaba con sus medias de dormir. También tenía bordadas dos alitas de ángel en su espalda.
Lo que más le encantaba era una flor de terciopelo brillante que se encontraba en el extremo izquierdo de su camisón. Mientras corría le parecía verla volar por el aire, como si esa hipnótica flor no estuviese atada a nada, sus brillos adornaban el ambiente y todo le parecía mágico.
De pronto, sonó una canción en su mente y comenzó a cantarla en voz alta. Subió a la mesa ratona que estaba en el centro del living. Ahí, pensó ella, sus padres la podían observar con mayor atención.
La madre advirtió que su hija estaba fuera de control: -Bajate. Ella continuó cantando y bailando con mucha exuberancia. -Bajate ya mismo -repitió su madre con voz alterada.
Su padre, refunfuñando porque ese camisón no se quedaba quieto, se levantó del sillón donde estaba cómodamente sentado. Ella, suponiendo lo que él quería hacer, decidió que sería mejor bajarse y quedarse tranquila. Pero algo se interpuso en su camino, esa flor la hizo tropezar y caer bruscamente al piso. Ni siquiera pudo evitar que se desprendiera de su camisón, por intentarlo estaba boca arriba sobre una alfombra amarilla y de su rostro brotaba una mancha roja, que a medida que crecía se convertía en morada.

Instrucciones para dar lástima

Por Nicolás Zacagnini

Para dar lástima y que todos te traten como un pequeño tesoro, debes seguir las siguientes indicaciones:
Por lo general para dar lástima y hacerse la víctima después de que te hayas metido en aprietos y querer salir limpio de la situación, debes tener varias cosas en cuenta. En primer lugar, te tienes que arrodillar frente a tus padres gritando: ¡perdón, perdón, hagan lo que quieran conmigo, sé que me equivoqué, perdooooóon!
En ese momento tus padres comenzarán a cambiar su rostro, creyendo que lo que dices es sincero, pero aún no olvidan el enojo.
En segundo lugar, luego de realizar el paso número uno, debes esperar unos segundos, mirar a los ojos de tus padres y cuando ellos capten tu mirada comienzas nuevamente a llorar, incluso podrías patalear, moviendo los pies de aquí para allá evitando no romper el típico recuerdo de los abuelos que hay en todo hogar.
Luego de este ataque de locura frente a tus padres, puedes empezar a gritar moderadamente diciendo que eres adolescente, que no sabes lo que haces, y que prometes no volver a hacerlo. De esta manera tus padres se sensibilizaran contigo, pero no del todo...
El tercer paso para ganarte la confianza de ellos nuevamente, es la de comprarles un regalito pequeño a cada uno para que se arrepientan de lo mal que te trataron, te saquen días de castigo y digan: ¡qué bueno que es nuestro hijito!
Luego, como final, podrías decirles que vas a pensar dos veces antes de hacer las cosas porque los respetas y los quieres demasiado. Por eso, tus padres creerán que has madurado y que se confundieron contigo.

Para ser Adolescente

Por Sofía Morán
Para ser el adolescente ideal deberías ser perfecto, "pillo" y lo más importante: tener acné. Tendrías que hacer comentarios poco educativos, estar a la moda y poner excesivo entusiasmo en las actividades recreativas, como el deporte.
1° Condición: No usar desodorante. Nadie debería disgustarse por el aroma hediondo que desprende tu cuerpo.
2° Condición: Ser consumista y materialista. Si por casualidad sos pobre, robarle a tus amigos sería una buena opción.
3° Condición: Ser líder de una banda y tener como ídolo a Ricky Maravilla, o en su defecto a la Bomba Tucumana.
Sin embargo, existen otros estilos de adolescentes.
Hay adolescentes que, según la música que escuchan, se visten de una forma determinada. Como por ejemplo "los darks", cuya condición de vida es usar ropa negra, cadenas y maquillaje extravagante.
Suelen llamar la atención esgrimiendo supuestos pensamientos propios, generalmente sacados de libros de autoayuda. También se dedican a escribir aburridos poema relacionados con lápidas nauseabundas y flores artificiales, por supuesto, negras.
En Argentina -creo que es el único lugar donde se encuentran- existen los "pibes chorros", llamados vulgarmente de diferentes formas como: negros, cabezas, cacuis, etc.
Usan ropa deportiva y zapatillas más grandes que sus propios pies. Su actitud de "acá estoy yo" significa que no hay que mirarles los reflejos mal hechos que lucen en sus cabezas. Las gorras o viseras son esenciales entre sus accesorios.
Estilos hay muchos y adolescentes, lamentablemente, también. Sólo hay que seguir a la corriente y, en todo lo posible, no tener personalidad.

Nunca Más




2004- Presentes en el acto de la inauguración del Museo de la Memoria.